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Desde hace años se ha convertido en uno de los destinos más apetecidos por los mochileros nacionales y extranjeros que se aventuran a la Carretera Austral, más específicamente a la provincia de Palena.

El por qué de su atracción radica principalmente en el milagro producido por su principal caudal: el Futaleufú o “Río Grande” en mapudungun. De caudalosas aguas de un impresionante color turquesa, la zona se ha convertido, progresivamente, en uno de los puntos más importantes para la práctica del rafting y del kayak a nivel mundial.


Turistas de todas partes del orbe viajan directamente a lanzarse por el río que cuenta con una categorización de 4 y 5 en sus rápidos. Pero eso no es todo, Futaleufú le hace honor a su lema: “Un Paisaje Pintado por Dios”.

De Gauchos y Turismo
Distante a 155 kilómetros de Chaitén, los primeros pobladores de este lugar llegaron a principios del 1900, ingresando por Argentina y provocando una estrecha relación con las comunidades del país vecino debido a la carencia de caminos que los conectaran con facilidad a otras zonas de nuestro país.

Solamente 10 kilómetros la separan de la frontera y dicha relación con la vecina nación ha dado por consecuencia una mixtura en que se visualizan a gauchos y mates, junto con camisetas de la Universidad de Chile o Colo-Colo.

Con el “descubrimiento” del río por parte del turismo internacional, el poblado ha visto variada parte de su vida y actividades durante la temporada de verano. Campings, cabañas, hoteles, oficinas de turismo aventura y restaurantes se han abierto durante la última década. Aún así sigue siendo posible respirar el aire de pueblo, pronunciar los “holas” continuos en sus calles y escuchar el silencio de las noches en el valle.



Microclima y Naturaleza a Todo Dar
Desde la plaza de armas es posible vivenciar parte de la magia que provoca esta parte de Chile. Las montañas nevadas que cercan al pequeño valle, engalanadas con grandes bosques que van desde sus faldeos hasta los límites con el hielo, se mezclan con un aire potentemente puro y con el sonido casi omnipresente del río grande.

Los atractivos de toda esta zona varían a lagos, ríos, cascadas y caminos secundarios que se abren entre imponentes acantilados y pequeñísimo valles.

Para comenzar hay que hablar del principal referente: el Futaleufú. Considerado como el mejor descenso de aguas blancas del mundo, solamente el año 1991 pudo ser dominado. De un torrente que trasmuta del turquesa al azul, sus riberas son cubiertas por bosques vírgenes y de inmensos cañadones visibles desde algunos caminos secundarios.

Otro importante río es el Espolón, vecino al poblado y de menos potencia que el primero. A pesar de ello otorga posibilidades de realizar kayak “sit on top”, rafting y paseos a caballo por las playas ribereñas a un nivel más familiar. Además ambos torrentes son lugares frecuentados por los pescadores debido a los ejemplares de truchas y salmones que viven en sus aguas.

El Espolón nace de un hermoso lago con el mismo nombre, ubicado a solamente seis kilómetros del poblado. De un extraordinario color azulado y con una tranquilidad a prueba de santiaguinos, el paisaje es una postal de las que uno imagina cuando piensa en lo mejor del sur chileno.

Otra de los hitos corresponde a la Reserva Nacional Futaleufú. Ubicada a 10 kilómetros, en el sector denominado Las Escalas, fue creada para la protección del ciprés de la cordillera (Austrocedrus chilensis) y del Huemul. Es posible organizar al lugar Safaris fotográficos y cabalgatas (previa autorización de la CONAF), recorriendo bosques de lenga vírgenes y disfrutando del paisaje y panorámicas del valle. La reserva cuenta con dos guardaparques baqueanos que pueden guiar las excursiones.

En cuanto al clima de esta época, la palabra es excepcional. Debido a su ubicación casi trasandina (detrás los Andes), Futaleufú cuenta con un microclima prodigioso que en verano eleva las temperaturas a más de lo acostumbrado en Chiloé continental y provoca la maduración de los árboles frutales que abundan en las calles del pueblo.

Un Pueblo de Primera
Todo este marco natural no opaca unas de las más profundas cualidades de los colonos que han heredado al poblado: su magnífica hospitalidad. Pasearse por los diversos rincones otorga la posibilidad de conversar en profundidad con sus habitantes y conocer de sus propias impresiones lo que significa vivir en esta australidad.

Los inviernos crudos con nevadas y fríos constantes son la antítesis del lo que se vive en la temporada de verano. Con esa soledad, con la nieve en las calles y los leones merodeando, podría explicarse la buena onda veraniega que se trasunta en el trato a los turistas y a las hermosas festividades que se dan en la semana de Futaleufú.

Haciendo un paréntesis personal, es la tercera vez que visitó el lugar y no me deja de asombrar. Cada persona que me ha contado que pasó por Futa, piensa en volver o en comprar un pedacito de este paraíso.

El imán que tiene Futaleufú con sus bosques, montañas y el río, es su propia respuesta.



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